Mira que me prometí la última vez no ir detrás de él. Pues parece que seguiré encontrándomelo delante de mi, sea la hora que sea, vaya donde vaya.
Estaba oscuro, recién amanecido, con ese ambiente frío propio de las mañanas de octubre.
Pensé que era un espejismo, un mal sueño de persona adormilada, pero no. Reconocería ese andar a km de distancia.
Como siempre, iba tarde, pero no tenía prisa. Él estaba allí, y yo podía sentirlo cerca aún separándonos unos metros.
Qué pensamientos rondarían su cabeza? Pensaría en algo, en alguien? O quizás a esas horas es imposible pensar?
Yo sí pensaba en algo, en alguien. Lo pensaba a él, pensaba en lo muy gilipollas que era por pensarlo a él, otra vez, dedicarle pensamientos dulces a alguien tan amargo.
Y sin poder reaccionar ,se paró a hablar, con sus "amiguitos", y pasé, otra vez por delante de él.
Grande fue mi sorpresa cuando escuché que uno me llamaba. A grito de acompáñalo, para que no vaya solo.
Su nombre, sólo escuchar su nombre, me dió pánico, y salí poco más corriendo, desatendiendo sus voces, dejándolos atrás.
Me abrazaba el frío, y la idea clara: Lo acompañaría al fin del mundo, si él me lo pidiera, de la mano, sin girarme ni una sola vez, solo atenta a su respiración, su peculiar forma de caminar,y a lo mucho que lo puedo llegar a necesitar.
Borré la estúpida sonrisa de mi cara. Laura, despierta, llegas tarde otra vez, y él se ha quedado atrás.

No hay comentarios:
Publicar un comentario