Ha sido un fin de semana intenso, o al menos, me lo ha parecido.
Resulta que la idea de ir a casa, no era tan buena idea... y lo supe desde que me monté en el bus y recibí el primer snapchat.
Supongo que estaba claro que iba a hablarme, que lo iba a ver, y que inevitablemente iba a quedar con él.
Aunque mi relación sin nombre y sin futuro, me haya arrancado el corazón todo el fin de semana, cuando lo vi, todo cobró más sentido.
Y aquello que no tiene nombre, lo tuvo por un momento para explicarle que las cosas habían cambiado, y que si bajé a verlo, era en cierto modo, porque nos merecíamos una despedida, y un motivo de peso por el que no desnudarnos en mi portal.
Le di un motivo, pero no le di todo lo que me pidió, aunque sí más de lo que debería.
De pronto, han pasado cuatro años, de pronto, yo puedo y quiero decir que no a todo lo que me ofrece sin condiciones.
Por supuesto, lo más posible y lo más agorero posible, es que ahora mismo esté escribiendo las últimas frases de una historia de amor o algo parecido, en la que vi un lunes a un chico con una camiseta de rayas. Y por supuesto le ponemos a cada paso y a cada discusión, fecha de caducidad a lo que ahora solemos llamar "estar juntos".
Ayer me dejó. Aunque sólo fuese por un rato, lo hizo. Y desde ese instante empecé a asumir realmente el final que nadie se atreve a dictar.
Fue capaz de decir que "lo mejor es que cada uno vaya por su lado" o "es que sinceramente no sé si llegaremos a verano". Y cero que ni él, ni nadie, podrán cerrar nunca la herida de unas palabras que se clavan.
Y siempre acabo diciendo lo mismo, que yo no quería nada de esto, que era muy feliz eligiendo víctima para una noche y desechándola más tarde, que mi vida estaba bien como estaba. Pero que no puedo retroceder, ni puedo cambiar lo que siento.
Creía en nosotros, con lo más profundo de mi corazón, pero ya no. no puedo creer en algo en lo que nadie cree, algo que no tiene nombre, porque a ratos, ni siquiera existe.
Por ello, y por todo lo bien que me hace sentir, que equivale a lo mal que me hace sentir, he asumido la derrota, y si el barco de hunde, seré como los músicos del Titanic, y me quedaré a verlo, como si nada pasase, amenizando la muerte de lo que quizás nunca estuvo vivo.
Querría coger todas mis emociones, todo lo que se me pasa a cada segundo por la cabeza, para poder ordenarlas, para buscar sentido a todo esto, que sin darnos cuenta, ha dejado de tenerlo.
Porque para mi, alguien que está dispuesto a perderme, ya me ha perdido...
Todo esto ya no tiene que ver con sus amigos, con sus amigas, con las prioridades, con lo que queda de curso o con lo que no nos vamos a ver en verano. no tiene que ver con esas veces en las que no contesta a ciertas conversaciones cuando estoy delante, o por ese afán de lograr que yo no exista en ninguna red social, ni lo mas mínimo. Ya no tiene que ver con las tres horas que tarda a veces en contestarme, ni en lo poco que puedo llegar a importarle. no es cuestión de quedar o no quedar, o de quedar para irse al cuarto de hora. No es nada de esas cosas, ni de tantas otras.
Ahora, sólo es cuestión de que si no está dispuesto a quererme, es mejor que me lo diga, que los dos hagamos nuestra vida, y que busquemos la ansiada felicidad en otro sitio.
Pero podemos seguir apurando al máximo, mandándome a la mierda y luego intentando pegar los pedazos.
Pero ya sabéis, yo como siempre, sigo aquí, viéndolas venir.
Att: La que deja que se la lleve la corriente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario