No hubiese creído a nadie que me dijera el día que nos conocimos que íbamos a estar hoy aquí, así, después de todo, de todo lo malo, lo bueno, las noches sin dormir y las frases escritas.
Quién me iba a decir a mi, que sin cuerdas me iba a atar a alguien. Yo, que soy el anti-amor llevado al límite, cuando dura más de una noche.
Pero, ya veis. Al final, por casualidad, aquel chico que vi un lunes en las fiestas de nuestra facultad, y al que sin recordar apenas su cara, me acerqué un jueves... hoy, viernes, dos meses después de ese domingo en que quedamos por primera vez, puedo decir que forma parte de mi vida, de una forma especial. Y aunque haya intentado frenar todo eso del amor, aunque a veces me canse de luchar... no me canso de abrazarlo, ni me canso de saber que está ahí.
Por eso, sólo puedo dar las gracias a las casualidades, que no son tantas, de poder seguir sumando días con el chico de la camiseta de rayas.
Te quiero.
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