domingo, 12 de enero de 2014

Del 27/12/13

A pocos días de acabar el año, aquí estoy, en casa, recordando viejas canciones y todos los recuerdos que vienen con ellas.
 Me siento extrañamente bien, por empezar a descubrir quién soy.
Quizás todo lo que planeo hoy, mañana se quede en vapor de agua, pero estoy ilusionada, porque siempre es reconfortarte saber que hay alguien que te quiere, que es el roto para este descosido al que suelen llamar Laura.
 Tengo 18 años, que pesan cada vez que se habla de responsabilidades, de madurar, de crecer... Que me pesan más que nunca ahora, que toca hacer balance de este año y echarse a llorar recordando todo aquello que he dejado atrás, y que ya no va a volver.
 Escucho latir mi corazón, y me pregunto si se sagita porque siento lo que escribo, o porque está pensando en el trabajo que le he dado este año, que no ha sido poco.
 Espero que pueda perdonarme, por haberme enamorado de algún desalmado, y que pueda perdonar también que haya dejado de escucharlo en muchas ocasiones.
 Creo firmemente que el año que va a empezar va a ser mejor que este, o quizás no mejor, pero sí diferente.
Este año ha sido justo la montaña rusa que me había imaginado, con todos los altos y bajos, habidos y por haber. Con selectividad en cada rincón, sonando fuerte, y con las puertas de la universidad a mis pies.
 Tantas caras nuevas, tantos nombres que memorizar, para que al final te importen dos o tres, y nada más.
 Es importante conocer a gente, pero más importante es conocerme a mi, que al fin y al cabo, es a quien voy a tener que aguantar el resto de mis días.
 Y aunque a veces me colapse, me agobie terriblemente, y me quiera morir, siempre puedo sacar fuerzas de ese lugar que nadie conoce realmente, pero que puedo asegurar que está ahí.
 Podría seguir hablando de lo genialmente horrible que ha sido este 2013, pero creo que todo se puede resumir en que ha sido un GRAN AÑO.

No hay comentarios:

Publicar un comentario