Pero a veces, me desato de esas horribles cuerdas que me aprietan, me salgo de lo establecido, y decido conforme a mi, a lo que es mejor única y exclusivamente para mi. Y ahí, comienzo un duro viaje en el que intento ser dueña de mi misma, en el que las opiniones me resbalan, como si agua de lluvia se tratara. No me mojan, apenas me rozan un poco, y por eso sé que están ahí, pero no me importa. Dejo de creer que lo que piensen los demás es más importante que lo que piense yo, y comienza otro viaje, más duro aún, en el que tengo que aprender a sobrevivir, a soportar el chaparrón.
Supongo que es absurdo comparar mi vida con el diluvio universal, pero está claro que ha llovido mucho en mí, más de lo que ha llovido en muchas otras personas, quizás más de lo que me he merecido, o quizás no.
Quiero pensar que a cierta edad, te compras un paraguas, para soportar cualquier tormenta, y quiero pensar que acabo de empezar a ahorrar para comprarme ese paraguas. Quizás siga siendo un poco todo eso que quieren que sea, pero si miro hacia abajo veo los charcos, veo como apenas caen unas gotas, como amaina la lluvia, como voy creciendo a pasos agigantados.
Se me hace terriblemente difícil ver como voy creciendo sin darme apenas cuenta, sin poder parar a disfrutarlo, si quiera.
Pero me siento bien, aunque no encaje en ningún sitio, sé que muchos más, como yo, van con su capucha, por debajo de los tejados, esquivando las gotas de lluvia.
A pocas horas de que se acabe el año, me pongo a contabilizar los daños, los estragos, el tiempo, y lo lejos que estoy de lo que era, lo lejos que estaré de lo que soy.
Buenas noches.
Att: Futura trabajadora social, actual retrasada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario