lunes, 16 de junio de 2014

El amor está sobrevalorado.

Me dije, una mañana soleada, una tarde fría y una noche lluviosa.
 Y si no lo digo, reviento. Si no te escribo, me rindo. 
Eres tú, uno de tantos, de pocos, de los que nunca me leen, de los que están, pero no para siempre. De los que quieren algo, pero no luchan realmente por conseguirlo. Eres tú, aquel que cuando tiene las cosas, ya no las quiere y que cuando las pierde comienza a echarlas en falta. Eres tú, y no yo, el que se pasa las noches en vela, pensando en todo, en nada, en el pasado presente futuro. En aquellas personas que dejaste escapar, en aquellas que nunca llegarás a conocer por miedo, o en aquellas otras que están todos los días a tu lado y a las que no valoras lo suficiente.
 Y por supuesto, eres tú ese que ahora piensa en alguien, en alguien que no se parece a lo que esperabas, que apenas se parece a nada de lo que antes conocías o creías conocer.
Alguien que tiene el poder de hacer de ti un mar de lágrimas, o de sonrisas, quizás. 
 Suena utópico, irreal, que alguien como yo sepa qué es lo que quieres alguien como tú, que me lees, pero sin ganas, sin interés, me lees como lees tantas otras cosas en tu vida. Como escuchas las canciones que ponen en la radio, o las noticias que salen en la televisión.
No quieres saber que esto es por ti, por mi, por tantos otros. Que quiero que cojas todas las fuerzas que a mi me faltan, y dejes de perder el tiempo. 
 Ayer era septiembre, y hoy junio. Ayer empezaba el instituto y hoy casi he acabado ya mi primer año en la facultad. 
Que el tiempo pasa, lo sabemos, que los años pasan, lo notamos... pero realmente no te paras, no me paro a pensar en todo el tiempo que perdemos, por miedo, o por comodidad, en coger las riendas de nuestra vida, en decirle a todo el mundo lo que pensamos, lo que sentimos, lo que queremos, lo que nos gusta y lo que no, lo que debería cambiar y lo que ya ha cambiado. Sólo nos quedamos aquí, parados, quejándonos de nuestra vida, esperando a que alguien llegue y nos la solucione. Te la solucione. Y no, nadie va a venir a sacarte de ningún agujero en el que te hayas metido. Ni a sacarte a esa persona de la cabeza. Nadie aprobará ese examen por ti. Ni nadie podrá ayudarte a superar aquello que aún te duele. Nadie lo hará, salvo tú, si es que al fin te conciencias. De que esto, tu vida, la mía, el mundo... es algo grande, pero nuestro. Algo que sólo nosotros podemos cambiar, para bien... para mal... 
Cambiar.
 El amor no tiene por qué estar sobre valorado, si le damos justo el valor que le tenemos que dar. El amor más importante no es el amor que le damos a los demás, sino el que nos damos a nosotros mismos. El amor que damos es sólo el reflejo del amor que nos tenemos a nosotros mismos, y lo sabes. Lo sé. Lo saben. Y a veces se nos olvida, por muy triste que parezca. Nos ahogamos, queremos respuesta para todo, queremos que esa persona que nos hemos inventado venga, solucione todo y se vaya. Y queremos que pase ahora. ¿Qué es lo que hacemos para merecernos que nos quieran? ¿Qué haces para merecer que alguien te quiera?
Yo ... me dedico a escribir de madrugada, esperando que alguien, tú, cualquiera, me lea. Me entienda. Y cambie algo, que quizás no mueva el mundo, pero sí su mundo. Que quizás sea minúsculo, pero importante al fin y al cabo...
Y que más da todo lo demás, si al final todo está sobrevalorado.








No hay comentarios:

Publicar un comentario