martes, 17 de junio de 2014

Cae el sol, caigo yo.

Cae la noche, caigo yo, muerta de sueño.
Con esperanzas de triunfar en lo que será mi último examen de mi primer curso de universidad.
 Pensando en lo que ha sido este año, entre hojas de derecho de familia, no puedo evitar incluso emocionarme, recordando el principio. Ese principio por el que tanto luché y sufrí durante toda la vida. Ese principio con el que todos soñamos, el que añoramos alcanzar, cada día de nuestra vida... Hasta que llega, y te das cuenta de que la universidad no es como en las películas americanas.
 Nadie cuida de ti, ni se preocupa por ti. Tus padres, cerca o lejos, dejan en tus manos tu futuro, y tú eres quién decides lo que hacer con él.
 No me imaginé así, mi primer año... o quizás sí, quizás ha sido justo como me esperaba.
 La palabra que lo resume es "nuevo".
 Nuevos compañeros, nuevas asignaturas, nuevas sensaciones, nuevos lugares, nuevos bares y plazas, nuevos amigos y conocidos, nuevas personas indispensables, nuevas decepciones, nuevos amores y desamores, nuevas experiencias e historias que contar a mis futuros hijos... Al fin y al cabo, una nueva vida.
 Muchos, entre los que me incluyo, desean desatarse de las cuerdas de la rutina, de la monotonía, de los de siempre y de lo de siempre... esperando encontrar algo mejor, o quizás sólo diferente.
 Y merece la pena, probar esa libertad, pasar por calles donde nadie te conoce, y perderte, y encontrarte, encontrarte a ti mismo, a esa persona que va creciendo día a día.
 Eso es lo que más me ha gustado de este año, el poder decir que me he deshecho de gran parte del miedo a lo desconocido, que al final, todos tenemos.
 Ya me entendéis, no importa que a veces nos sintamos hundidos, sin ganas de nada, o que nos invada la morriña, lo que importa es que siempre saquemos las fuerzas para descubrir que algo bueno viene después.
 He tenido mucha suerte, porque me gusta mi carrera, pesa a todo pronóstico, y he conocido a muchas personas que si mañana no estuvieran, no sé lo que haría sin ellas.
 En resumidas cuentas, aquí estoy a las tantas de la madrugada, intentando recordar por qué sigo aquí, en la biblioteca estudiando.
Sigo aquí, porque otras tantas noches he pasado en vela por vivir la fiesta, el frenesí, la vida.
 Sigo aquí, porque quiero saber y demostrarme que todos estos meses no han sido en vano y voy a aprobar todas mis asignaturas.
 Mañana será otro día, caerá el sol y yo caeré rendida, preparada para el final del principio.

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