domingo, 11 de enero de 2015

1-1-15

Como si de una lámpara mágica se tratara, mis deseos escritos en este cuaderno se han hecho realidad, o algo así.
 no puedo estar inspirada y resacosa a la vez, pero aún así, no podría no compartir , aunque fuese con el destino, la noche de ayer. 
Hacía tanto frío, que parecía mentira. Mi estado era etílico. Y mis pies lloraban por el maltrato de los tacones.
 Me he despertado con heridas, y lo peor es que me acuerdo de como me hice cada una de ellas: En las escaleras, en la ducha, fumando, con la puerta... 
Pero la herida que más daño me hará es él, mi eterno él.
 Él es mi cicatriz, es todas mis cicatrices.
Me sigo convenciendo de que no me importa, de que no me va a importar nunca más. 
 Lo peor, te lo juro, no es quererle o no quererle. Lo puto peor, es que él siempre sentirá lo mismo que siente ahora, que sentía antes. Y yo, cada día siento algo distinto e inexplicable.
¿Cómo explicar estos cuatro años, sin sonreír?
Me ha hecho más daño que cualquier otra persona, y aún así, me gustaría estar acariciándolo ahora mismo. Tocarlo, tenerlo, sentirlo.

Sigo recorriendo distancias, sólo para estar un rato con él. Y cada vez que lo veo, me siento igual y diferente. Sus ojos azules se me clavan, y no puedo no desearlo con fuerza. 

En un coche entre montañas de hielo mañanero, en un callejón, en un banco, en un sofá, en una silla, en una cama, en unas rocas, en las raíces de un árbol, en la hierba. Sigamos sumando.


Att: La que empieza el año con buen pie.

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