domingo, 11 de enero de 2015

Reyes decepcionantes, cuanto menos. 5-1-15

A medida que pasan los años tengo menos ilusión por casi todas las cosas. Por salir, por bailar, por socializar, por cumplir años... y sobretodo, por los regalos y los Reyes Magos.
 Algo, (llámalo instinto, llámalo no me ha hablado en estos cuatro días) me decía que él no iba a formar parte de la noche. Y si él no lo hacía, tenía, y tengo muy claro, que no lo haría, ni lo hizo nadie.
Ahora desde la cama, recuerdo lo que esta mañana pensé, cuando pretendí levantarme.
Sabes esos días en los que nada más abrir los ojos, empiezan a oler a decepción? Pues este, es sin duda, un claro ejemplo.
 Me he vestido como me vestiría para salir a tomar unas cervezas, o para ir a clase, sin más. Y me he sentido segura, a la par que desganada.
No esperaba a los reyes, pero sí a mi príncipe.
 La decepción, llegada a un punto, se convierte en dolor, y en pensamientos como el de que por qué se ha ido.
Necesito muchas respuestas en la vida, y a veces, le exijo demasiado a los demás, como si ellos fueran unos pitagorines, eruditos, capaces de resolver cualquier duda como si de un problema matemático se tratara.
 Sin duda, ha vuelto a hacer lo de siempre. Ha venido, se ha ido, y se creerá que puede volver.
 Pero este día, este Snapchat, y estas palabras, marcarán el antes y el después que necesito en mi vida. 

No necesito un príncipe, porque no soy ninguna princesa. 



Att: La que apuesta porque esta vez, sí sea la definitiva.

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