Querido diario improvisado.
Supongo que hoy a cualquier cosa se le puede llamar diario, igual que a cualquier cosa se le llama amor.
En este caso, empiezo esta tortuosa historia por el final: Chica desconoce a chico.
Nos empeñamos en poner nombres a los sentimientos y a las relaciones en cambio, nunca nos preocupamos de ponerles freno.
Necesito más que un par de tragos amargos para olvidarlo.
Todo terminó un día ocho de febrero.
Un día frío de invierno, con el cielo despejado, y muchas posibilidades. Yo sabía que iba a venir, porque él me lo había dicho. Sabía que iba a esperar paciente, que me iba a llamar, y que toda conversación con él carecería de sentido.
Pese a saber como iban a ser los hechos, yo, triste de mi, no me desnudé como cada vez que llego a casa.
Esperé su llegada, vestida, peinada, preparada. Para salir corriendo a sus brazos una vez más, como tantas.
Algo en mi cabeza hizo "click". Tal vez la última vez que le hablé y no obtuve respuesta, o todas esas veces que estuve pendiente, esperando a que recordara que yo existía, quizás, sólo quizás, tuvieron algo que ver.
Desde que todo esto empezó, han habido altos y bajos, y más despedidas que buenos momentos. Más lágrimas que líneas escritas para él.
Y por todo ello, cada vez que se iba, me prometía a mi misma que no dejaría que volviese. Y cada vez que volvía, no podía no quererlo. Era superior a todo, superior a mis promesas y a mi amor propio.
Me gustaría arrancarle la ropa, y poder tocarle una sola vez más. Pero todas las veces anteriores eran "sólo una vez más", todos los "adiós" eran para siempre, y todas las palabras feas, se quedarían en mi corazón.
Ahora he dejado de sentirme ridícula por hacer promesas que no pude cumplir, y por seguir pensando en alguien, que no podía tener ninguna influencia positiva sobre mi vida.
Mañana, en tan sólo unas horas, volveré a irme, y veré amanecer, alejándome 300 km de él, una vez más. Pensando en si esta vez, fue la definitiva, porque no fue o si mi corazón puede aguantar unas cuantas más.
Él fue poesía para mi, fue mi musa, fue todas mis musas, mi dolor, mi único sentir. Él fue.
Él fue, y yo me fui por él.
Brindo por todos los besos, por mis uñas en su espalda, brindo por mis rodillas, por sus manos, por eso brindo. Por tantos calentones y tantas despedidas.
Por las veces que me dejó sin aliento, por las veces que me quedaba sin habla. Brindo por todo aquello, y por todo esto. Por tantas líneas, por tan pocas palabras. Por miradas tiradas, por personas dejadas.
Podría brindar durante horas, y beber, y emborracharme de tu sexo una vez más. Pero hoy no brindo con el alcohol que desinfecta las heridas, brindo con la desidia, la que cura corazones, la que me ayudará en las noches en las que tu imagen reaparezca. Brindo por ti, por mi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario