sábado, 18 de abril de 2015

17-4-15 , De ilusiones también se muere.

 Después de un día duro, e incluso productivo, mi habitación/casa está impecable y mi ilusión por los suelos. No puedo dejar de pensar en él, y eso me hunde la vida, porque yo no quería nada de esto. No quería ninguna historia que durase más de una noche, o quizás, una noche y una mañana. 
 Y aquí estoy, como estoy siempre en todas partes, estando sin estar, y sin entender qué hago aquí. 
 Soy todo lo infeliz que puede ser una chica que está pillada hasta las trancas.
Pasan los días, y cuento tres sin verlo, que se harán cinco, o quizás seis. Estando ni a unos pocos metros de distancia. Es ridículo, pero estoy cansada de ser yo la que echa de menos, la que necesita verlo, la única que necesita hablar. Supongo que de ilusiones también se vive, también se muere.
Pero siempre llega ese punto, al que siempre llamo "punto de inflexión", donde las cosas deben cambiar, y ¿por qué no? ese punto es aquí, es ahora, es una conversación sin respuesta y una persona cansada de intentar que todo salga bien.
Y si sale mal, bien. Porque cada medio segundo miro el móvil, para ver como no me contesta, ni me lee, ni me ve, ni le importa lo más mínimo. A la mierda, una y otra vez, eso de sentir, de querer o de echar de menos. Tengo que empezar a echar de más, y olvidarme de este absurdo.

Att: Ni siquiera sé que escribir para que vengas a verme.

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