Un día después, tengo otro conejo.
Es marrón y gris, de ojos grises y pelo largo.
Corretea, salta, y empieza a tener confianza en nosotras. Tengo bastante miedo, y estoy observando todo lo que hace. Supongo que se me pasará y lo trataré con normalidad dentro de unos días, cuando compruebe que sigue vivo y es feliz.
Hace mucho que no deseo un regalo con tantas fuerzas, y en ver cómo se esfuma, ha sido duro. Pero de todo se aprende, incluso de que la de la tienda de animales sea una jeta y tenga la sensibilidad en el culo. Le deseo lo mejor a Mauricio en el cielo de los conejos, y sólo espero que se encuentre dentro de mucho tiempo con su sucesor.
#Día1
Att: La niña que quería un conejo.








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