Es normal que sienta vértigo si veo la altura y pienso continuamente en lo que dolerá la caída.
Pero lo cierto es que las horas corren más rápido de lo que imaginaba, y no puedo alcanzarlas.
Me gustaría haberlo conocido en septiembre, y haber pasado largos meses a su lado...
Pero no se elige cuando, ni con quién.
Por eso ahora, con dos meses a cuestas, se masca la tragedia cada vez que pienso en los kilómetros que nos separarán y en el tiempo sin él, que será mayor a lo poco que llevamos juntos.
Los precipicios existen, porque hay personas que todavía no temen saltar al vacío.
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