Hoy ha sido uno de esos días en los que quieres llorar desde el momento en el que te levantas, de esos en los que no paras de hacer cosas y sientes que son inservibles.
Todos se dedican a juzgar al resto, como si de verdad pudieran hacerlo. Y llega un día en el que me canso de ir a clase para escuchar a profesores tirando piedras sobre nuestro tejado, hablando de vocación y profesionalidad, cuando ellos emplean la ley del mínimo esfuerzo hasta para hacer cutres powerpoint, que ni revisan para ver que tienen diapositivas en blanco, temas sin título o frases mal escritas.
Hablan de vocación como el que habla de ir a buscar el pan, y de los trabajadores sociales como superhéroes.
Si volviésemos al mundo real por un instante, y cada uno reconociésemos nuestra parte de culpa, seguro que el mundo no sería un lugar mejor, pero mi vida, mi clase, sí lo sería. Que estoy cansada de malas caras, y de personas que lo más cerca que están de vocación por esto, es darle una moneda a un mendigo por la calle, y algunos, me aventuraría a decir que ni eso. El nivel es de personas irrespetuosas que me juzgan sin conocerme de nada. ¿Y esos van a ser los grandes profesionales que salven el mundo?
Pues como escribió Moccia (y sí, yo también tengo una etapa de lectura adolescente) "Paren el mundo, quiero bajarme".
En todo eso se reduce la inmundicia de vida, de clase, y de día, que al final, sólo es uno más de tantos.
Que al final, lo que no nos cuentan es que los malos siempre ganan, porque los buenos se cansan de luchar.
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