Una vez más no me queda otro remedio que ponerme a escribir a las tantas de la madrugada para aliviar mi pesar.
Realmente creo que estoy bien, más o menos. O no. Bueno no, no estoy bien. Si estuviera bien no me dedicaría a desnudar mi alma en lugar de dormir.
El problema es que cada vez que pienso en cómo son las cosas, y en cómo podrían ser, me frustro. Porque creo que me falta valor para dar todos esos pasos que tengo que dar, que quiero dar, que necesito dar.
Y ya sé que en esta vida no todo es el amor. Pero, ¿Qué sería una vida sin amor? ¿Un amor sin vida?
Supongo que es una estupidez plantearse una y otra vez qué es lo que hago mal, cuando lo sé de sobra. Pero, ¿por qué parece tan fácil para todos los demás, y a mi se me pone un nudo en la garganta sólo de pensar en hablarle? Será que quizás no quiera sentir lo que sentiría si me rechazase, que ese miedo a un "Me alegro de que te guste, pero no es mutuo, no me gustas", es lo que me paraliza. Siempre el jodido miedo. Siempre es él el que me impide vivir como debería hacerlo. Siempre es él el que me dice " No lo hagas, que te va a salir mal". Pero... ¿Y si no sale mal? ¿Y si él siente lo mismo que yo? ¿Y si tiene el mismo miedo que yo?
Cabe alguna posibilidad remota de que eso pueda ser así, de que él en algún momento de su vida se haya parado a mirarme y haya pensado que soy justo lo que necesita en su vida.
Y cada día que pasa lo tengo más claro. Tengo que hacer algo.
No sé qué me depara el futuro, no sé dónde estaré el año que viene, no sé si después de este curso volveré a verlo nunca más. Realmente no tengo la seguridad de que eso sea así... y no quiero perder estos meses pensando en el maldito "Qué hubiera pasado si..." ,quiero que me diga que no, que no soy nada más que una niña, que soy horrible, o que simplemente le gusta otra persona. Quiero que me diga que soy una loca acosadora, y que al fin y al cabo no tengo ni valor para saludarle. En el fondo... Quiero que me diga algo, aunque sólo sea que deje de mirarle todo el rato en la biblioteca.
Me paso los días entretenida en quehaceres, en personas que en realidad ni me van, ni me vienen... que sólo son como todos los demás. ¿Qué los diferencia, que en lugar de estar en el pasillo estén en mi cama?
Al fin y al cabo, todos sabemos que a cierta edad aprendemos a separar el sexo del amor, y que quien diga que siempre van juntos, miente.
Porque lo que yo quiero con él no es llevarlo a la cama. Lo que yo quiero es llevarlo a dónde él quiera. A la luna, mismo. O quizás a las estrellas.
Quiero acariciarle el pelo, y que me hable de esa forma tan graciosa. Quiero tenerlo cerca. Pero no cerca de al lado, de encima o debajo. Cerca. Simplemente. Lo suficientemente cerca como para poder susurrarle las veces que lo sueño a lo largo del día. Lo suficientemente cerca como para poder decirle que no sé por qué, que yo tampoco lo entiendo, pero que de cada 10 pensamientos, él se lleva 9.
Sé que suena absurdo... y a cada palabra que escribo, siento la imperiosa necesidad de romper con todo y borrar esta declaración de intenciones, que se quedará en eso. En una maldita declaración, escrita en un blog que apenas leen dos personas, y que al fin y al cabo a nadie le interesa lo suficiente.
Es raro, lo sé. No tiene sentido, lo sé. No tenemos nada que ver, lo sé. No saldrá bien, lo intuyo. Pero, ¿Y qué? Siempre me han dicho que quien no arriesga, no gana.
Y yo no he nacido para quedarme con las ganas. Prefiero un "No" ahora, que eternos "Puede que sí, puede que no".
Estoy aquí, ven, ven y quítame esta duda.
J.

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