Ahora mismo mi productividad es nula. Si el resto del tiempo no me concentro, después de pasarme la noche en la biblioteca, no os quiero ni contar. Pero ese no es el tema. El tema es el que yo elijo, y como siempre, elijo a ese que acaba de salir por la puerta.
Lo veo aquí y allí. Lo veo cuando menos me lo espero, cuando tengo menos ganas de verlo.
Lo veo despierta , y sobretodo dormida.
Y, ¿Cómo no verlo, si es todo lo que necesito para seguir?
El oxígeno, bah, tonterías. Todo eso de respirar está sobre valorado cuando él está cerca.
Y es que, por mucho que intente evitarlo, se me hace cuesta arriba un hecho tan simple como el de dejar de mirarlo.
Podría pasarme horas y horas, enredada en mis pensamientos, perdida en sus movimientos.
Realmente, no importa lo que esté haciendo. Que esté mirando sus apuntes, o por la ventana, que hable por teléfono o simplemente camine.
Creo que me gustaría igual si sólo se limitase a estar quieto sin hacer absolutamente nada.
Quizás deliro, o quizás es que loo esté viendo ahora y se me esté moviendo algo dentro que no me deja escribir como me gustaría, o como debería.
No sé cuanto tiempo podría pasarme mirándolo... Es posible que no aguantase más de varios días seguidos, o tal vez me cansase a las pocas horas.
Debería dejar de hacerlo, dejar de mirarlo, dejar de pensar en que tengo la más remota posibilidad de acercarme a él, pero cada día que pasa se me hace más y más cuesta arriba y dentro de poco será imposible que deje de pensar en él.
Quererlo, quererlo... supongo que no puedo querer algo que no conozco, porque siendo sinceros de él sólo tengo una nube de ideas, que ni siquiera sé hasta que punto son o no verdad.
Me encantaría poder levantarme y no sé, y decirle todo esto a él.
Dejar que leyese todas y cada una de las líneas que he escrito de él, por él...
¿Por qué no puedo? No puedo hacer nada y la situación cada vez se parece más al día de hoy. Hace nada le daba el sol en la cara, y de pronto está lloviendo.
Puede ser que esto, lo que siento sea el sol, ese que lo ilumina hace algunos minutos, y que si hay cualquier movimiento, por pequeño que sea, aparezca sin previo aviso la lluvia.
Me estremezco sólo por ver que me mira, y resulta extraño a la vez que enigmático. ¿Qué querrá decir el hecho de que me mire? Sólo lo hace porque nota que lo miro, que lo miro desde hace casi una hora, que no puedo dejar de hacerlo, y me empieza a doler.
Debería conformarme con lo que tengo, con todo ese pseudoamor que pretenden darme todos aquellos a los que no me importaría no volver a ver.
Lo dejaría todo, los dejaría a todos. Si él me lo pidiese.. pero no lo hace. Ni lo hace, ni lo hará. Y yo, como soy absurda, seguiré aquí, mirándole, esperando a que una onda me tele-transporte hacia la silla que está a su lado, y que claramente pone mi nombre.
Podéis llamarme ilusa, soñadora, o incluso tonta del culo, porque me lo merezco.
Y ojalá que mi castigo sea el de pasar toda mi vida a su lado, y no el de verlo desde aquí.
Y con el corazón en llamas, termino mi querida oda a la desesperación al amor en potencia, que nunca llegará a ser en acto.
Oda a escuchar como tose y sonreír, a sentirlo cerca, a tenerlo lejos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario