Suelo verme motivada a hacerlo cuando las cosas no van bien. Curiosamente, las cosas no suelen ir nunca del todo bien. Será que mi vida no es una película de Disney, o que soy una inconformista. Pero ese, al fin y al cabo no es el tema.
El tema, el gran tema que me lleva a remover el pasado, a escribir a las cuatro de la mañana, es ese.
Que son las 4 y pensaba que él me escribiría, como en esta última semana. Que la discusión de ayer sería papel mojado, y que como siempre, me perdonaría, nos perdonaríamos y volveríamos a nuestra rutina de "ni contigo, ni sin ti".
Pero no ha sido así, no me has hablado. No te has acordado de que existo en todo el día, y me asusta.
A veces he dejado de pensarte, te he hecho desaparecer tantas veces, como tantas me has dejado rota, y nunca fue suficiente, nunca fue lógico, ni definitivo.
Yo sólo quería que fuese normal, y nunca lo conseguí.
Te olvidé, con todas las fuerzas que tenía, y dejaste de ser aquello que anhelaba que serías. Pude haberlo hecho mejor hasta el más mínimo. Sólo con hablarme, se iban a la mierda todos mis esquemas. Temía que se acercara el día en el que te tendría que ver, porque estaba convencida de que acabaría en tus brazos, fuera como fuese.
Todo eso del amor no estaba hecho para nosotros, siempre lo supimos, y pocas veces lo dijimos, pero bastante claro.
A los cuatro vientos gritamos que sólo entregábamos un número de tiempo el uno al otro, y que sólo era placer, sucio, vacío placer.
Nos vaciábamos cada vez que nos veíamos. Y aún no puedo creer que siga esperando a que me hables, si sé que sólo me vaciarás una vez más.
Att: DemasiadoDulceParaQuedarseVacía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario